A todos nos resulta complicado consolar a una persona querida cuando ésta se encuentra atravesando una situación complicada. Dar muestras de ánimo y apoyo a alguien en estas circunstancias es un gesto de amor, pero cuidado, en ocasiones pese a que la intención sea buena puede no generar el efecto deseado.

Una reacción bastante habitual es la de intentar proporcionar un futuro halagüeño a aquel que está pasando por un mal momento con frases del tipo: estoy seguro de que todo va a salir bien; ya verás, al final todo va a quedar en nada. La realidad es que ni la persona, ni nosotros, sabemos a ciencia cierta como terminará evolucionando la situación en el futuro. No hay que confundir nuestros propios deseos de que todo se acabe solucionando, con la certeza de que sabemos lo que va a suceder.

Es cierto que un estado emocional negativo puede inducir a ver las cosas con un tinte más pesimista del que la realidad presenta. Pero negar lo que está sucediendo puede no ser la mejor solución: No llores ni pienses en eso ahora; No pasa nada; Eso es mejor ni nombrarlo. Cuando intentamos animar a alguien es evidente que algo está ocurriendo, por lo que no hay que tener la creencia de que por nombrar o hablar de la situación ésta va a empeorar.

Otra reacción frecuente es intentar minimizar los sentimientos: no llores, tienes que ser fuerte. Es importante tener en cuenta que exteriorizar sentimientos de pena/frustración/miedo no está reñido con la fortaleza. Si una persona no puede manifestar sentimientos de pena/dolor/enfado/miedo ante una situación difícil ¿Cuándo se podrían expresar este tipo de emociones?. Para el acompañante puede resultar difícil asistir con impotencia al sufrimiento del ser querido, y por ese motivo trata de ponerle fin. Pero resulta útil entender que es necesario ir transitando de unas a otras emociones y estados de ánimo para poder elaborar el acontecimiento. Manifestar pena en una situación triste es totalmente necesario, esperable y normal.

En ocasiones tratamos de proporcionar ayuda detallando nuestras propias experiencias o las de algún caso del que tengamos conocimiento. Es una forma de aportar información, proporcionar diversas escenas donde al final se terminó superando (o no) la situación complicada o dar ejemplo de cómo lo hicieron otros con anterioridad. Existen numerosas reacciones válidas a la hora de enfrentar una situación complicada, y es importante entender que aunque nuestra tía, amigo, vecina, amigo de mi amigo, blogger, etc. hiciera tal o cual cosa, no significa que la reacción o gestión de la persona que tratamos de consolar no sea la adecuada. A veces se está tan preocupado en proporcionar información que pueda ser útil, que nos olvidamos de atender la vivencia personal del que tenemos delante.

Al querer demostrar nuestra propia preocupación e interés, podemos abusar de preguntas tipo: ¿cómo estas?, ¿cómo te encuentras hoy? (por ejemplo, si se está atravesando un proceso oncológico) lo que puede ser experimentado por el enfermo con rabia/enfado: pues mal como voy a estar; ansiedad ante la idea de que debería estar evolucionando a mayor velocidad; o bien, que se sienta obligado a fingir un estado de bienestar que puede no acompañar a la realidad de sus sentimientos: me encuentro bien, estoy mejor, por no caer en la repetición y proporcionar alguna novedad al que se preocupa de su evolución.

Es importante estar atentos de no guiarse por las propias necesidades de recibir información de primera mano, y pensar que a lo mejor la persona está cansada de reexperimentar cada poco su situación: Son pocas las veces que a lo mejor consigo desconectar y pensar en otra cosa, pero entonces aparece alguien que me saca de nuevo el tema. Es recomendable que la información pueda circular entre los interesados sin necesidad de que sea el afectado el que tenga que dar una y otra vez las mismas explicaciones.

Tampoco hay que tener miedo ante la posibilidad de emocionarnos cuando estamos con la persona afligida, siempre y cuando no se de lugar a que se inviertan los roles y tenga que ser el afectado el que nos consuele. Llorar juntos puede ser una forma adecuada de poder desahogarse en compañía.

Se debe evitar caer en la “competición de quién lo está pasando peor”, ya que son múltiples las situaciones en que son varias las personas afectadas, aunque cada una lo haga desde una posición distinta (por ejemplo, en un aborto tanto la mujer como la pareja sufren la pérdida) y las expresen de manera diferente (no necesariamente el que se emociona más es el que peor lo está pasando). Pudiendo suceder que todos los cuidados se centren en una única persona, dejando al margen a otras que también necesitan muestras de apoyo.

Debemos intentar entender la forma de ser y vivir los acontecimientos de nuestro ser querido e intentar ofrecer el soporte que necesita (que puede no coincidir con el que nosotros necesitaríamos en sus mismas circunstancias). También puede suceder que no se sepa cual es la mejor manera de proceder, por lo que se puede preguntar al propio interesado que es lo que necesita y como podemos ayudarle. Teniendo en cuenta que las necesidades pueden ir cambiando con el tiempo y que, a veces, no es fácil explicar cómo nos sentimos o lo que necesitamos.

Todas estas recomendaciones podríamos resumirlas en: “escuchar” y “estar disponibles”. Dar soporte no significa poder solucionar la situación, ni evitar que la persona siga sufriendo, sino simplemente acompañarlo en los duros momentos que esté atravesando.

Por Carola Higueras